Otra vez se repite el ciclo
y se mezclan sentimientos, experiencia e hitos.
Se ha revelado la magia y, esta vez, enfrentamos
cara a cara la verdad:
no hay nada, ni espada,
solo un escudo para parar las balas.
Mi corazón se encoje
pues de nada sirven las historias vividas
cuando el ego se impone.
Olvidamos el rito más humano:
aceptar lo que nos toca,
pues el tiempo lo ha bordado.
¿Qué importa si el camino se ha disuelto?
No hay angustia, no hay reto;
el control del poder sigue siendo tu centro.
¿Qué voy a hacer
si la bestia ha decorado al ser
que habitaba en tu cuerpo?
¿Dime, cómo parar sin sentirme herida?
No queda rastro del retrato que conocía;
ahora no sé quién eres, ni cómo vestías.
Azul invierno en la ventana:
horizonte detenido,
tierra solo mojada.
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